Freddy en el velorio de Marco

 Freddy en el velorio de Marco


Freddy está parado junto a una ventanilla de la sala de velación, mira afuera y ve los carros pasar, mira adentro, y son muchas las personas sentadas con su lamento, casi todos conocidos del muerto, menos los de la sala de la velación y uno que otro curioso,  mientras un hombre ofrece a otro,  a pico botella,  un trago de aguardiente.  Freddy mira  el ataúd y se imagina ponerle ruedas al cajón en el que Marco partirá ahora a  una nueva aventura, mientras Freddy, desde su sitio,  piensa para sí. 

“¡Ah, cómo es que se va morir este marica h´omme!, y bien joven que estaba. Recuerdo cuando él llegaba al taller y me decía: “¡Flaco!”, porque nunca me llamaba por mi nombre, sólo cuando no me veía en el taller preguntaba por mí, le decía a mi socio desde la ventanilla: “ey, Arley, por ahí está el Flaco, el Mechanix”, y Arley me llamaba: “¡Freddy, te busca Marco!”, y salía yo a atenderlo y le decía: “Entonces, Marco, qué se cuenta mijo, qué le pasó esta vez al carro”, “ah, vos sabes güevón que yo mantengo mis conquistas por ahí, y le presté ayer el carro a un parcerito que tenía que hacer una vuelta con la mamá y me le hundió el bumper, pero vos arreglas lo que sea”, me decía con esa confianza y se reía. “Muestre haber el daño”, le decía yo, y él se bajaba del carro y le pegaba con la mano a la lata y luego le pasaba la mano otra vez, como sobándola. “Que quede bien chimba pues”, me decía. “Obvio mijo, usted sabe que yo soy el mejor para esto, o qué”; “A eso si es verdad, güevón”, respondía él con cierto sarcasmo y sonriendo.  Y ahora, tenerlo que ver ahí acostado, como en un vehículo de madera  que pareciera que no fuera a ningún lado, pero va más lejos que todos los que quedamos acá.  Recuerdo el día que me bautizó “el Mechanix”, aludiendo a la canción de Megadeth, que según él, Metallica se había robado esa canción, dizque de la vez que echaron al guitarrista Dave Mustaine, quien había compuesto el tema y les dijo a los de Metallica que no la podían grabar ni tocar en conciertos, pero la banda no le hizo caso, y ahí está grabada en el primer disco llamado Kill´em all.  “Pille pues flaco, como es la vida,  esas gonorreas no copiaron de nada y grabaron el tema pero con otro nombre, le pusieron  “los cuatro jinetes, ah, meras biblias, pero el marica no fue bobo tampoco, cogió el tema y lo grabó con su nueva banda Megadeth, ¿y sabe cómo le puso al tema?”, me preguntaba él. “Ni idea”, le dije yo. “Pues el Mechanix, mijo, o sea el mecánico”, y se reía seguro de lo que decía, luego buscó la canción por internet y la puso a alto volumen para justificar su conocimiento por esa historia, y vibraban las ventanillas del carro con ese poderoso sonido que tenía y que alguna vez también arreglamos, recuerdo que movía la cabeza como un metalero, como si toda su vida hubiera sido un fan de esas bandas, pero que va, ese se mantenía escuchando rancheras y reggaetón a todo volumen, andando por ahí con pelaos y de vez en cuando con una que otra chica a la que les gustaba el ambiente. Y saber que no se mató esa vez que iba de juerga con la prima Pámela, con quién le gustaba salir a callejear, y que se quedaron sin frenos, menos mal no venían carros y se encontraron con una vía que subía hacía el cerro de doña María, y que los detuvo, y si no es porque ella se baja rápido a atravesar una piedra en las llantas, el carro se hubiera devuelto, ¡qué peligro uno quedarse sin frenos! si no se hubieran matado los dos en cualquier momento; ¡Cuántas historias puede aunar un muerto!  A mí no me cuadra eso del suicidio, pues era un tipo muy vital y sin complejos de inferioridad, la verdad es muy sospechosa su muerte, quizás el portero del lugar donde vivía sepa algo, o ese mancito de los domicilios que mantenía para arriba y para abajo del edifico; ¿quién lo odiaba tanto hasta matarlo y por qué?, pero que voy a saber de eso, ni que yo fuera un fiscal, yo sólo acá soy el mechanix. Lástima ome que se fue un buen cliente y que me haya quedado debiendo una plata, pero las deudas con los muertos es mejor dejarlas saldadas, no le debo nada, nada me debe él, ¡qué en paz descanse!, y que donde sea que esté, pueda escucharse los temas del mecánico y sus cuatro jinetes.”

En ese momento se le acerca el tío de Marco con la botella de aguardiente en la mano y le dice al flaco.  

  • ¡Ey, mechanix!, ¿un guarito, o  qué? 

  • Listo —. le dice al tío —. “Y que sea doble”. 


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Ítem 21, El mecánico, 

Por Diego Alexander Gómez




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Diego Alexander Gómez

pimientaenchanclas@gmail.com

2024

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